miércoles, 4 de septiembre de 2013

Medidas de concienciación

Hace no demasiado tiempo, seguro que lo recuerdan, saltó por los aires la idea del Gobierno de enviarnos a casa "facturas simbólicas" por el uso y abuso que los ciudadanos hacíamos de lo público. Una especie de campaña de concienciación para que no siguiéramos gastando a tontas y a locas el dinero que habíamos abonado vía impuestos por adelantado. La propuesta significaba hacer llegar a los contribuyentes el recibo de lo que una visita al médico de cabecera, pongo por caso, suponía para las arcas públicas. Pretendían acabar con la creencia de que lo gratis no se paga, convencidos ellos de que los ciudadanos acudimos a practicarnos un triple bypass por eso de pasar la tarde. Finalmente, resolvieron la cuestión de la concienciación aplicando la conocida medida del euro por receta y así se evitaban el engorro del papeleo.
 
No obstante, el proyecto, que a alguien le llevaría días de profunda cavilación pagada por el respetable, no cayó del todo en saco roto. Por ejemplo, en la Comunidad Valenciana, sí se entrega la factura informativa de los medicamentos prescritos por el facultativo del centro de salud; el Gobierno andaluz también activó la medida de la factura informativa en el 80% de sus hospitales por tratamientos o intervenciones quirúrgicas; y la consejera de Educación y Empleo de la Comunidad de Madrid, cuya trayectoria, desde su ya peperiana juventud hasta el estado en el que hoy la encontramos, es un cúmulo de virtudes de incalculable valor para los contribuyentes, también un día entre semana decidió enviar a las familias un recibo informativo de 5.100 euros para que supieran lo que cuesta escolarizar a sus hijos de entre cero y tres años. El partido en el Gobierno tiende a creer que el dinero que administra es suyo y no nuestro y que están en posición de pedirnos cuentas de nuestras caprichosas necesidades aunque sea a modo informativo. Cuando mi padre entraba en mi habitación, factura de telefónica en mano, y me llamaba al orden por lo que le costaban mis conferencias todos los meses, lo hacía armado de razón porque la factura la pagaba él y porque una llamada interprovincial era conferencia. Nada que objetar. Pero que venga Mariano con la factura del anestesista a sensibilizar mi conciencia..., anda, no me toques la guitarra.
 
Los responsables políticos siguen aduciendo que son medidas para concienciar a los ciudadanos de lo que valen los servicios que se nos prestan desde las administraciones públicas, como si estos salieran directamente del bolsillo de Mariano o del Hermès de Lucía Figar de Lacalle (y me voy a evitar el chiste). Yo no sé de dónde nace la infeliz idea de que los ciudadanos estamos poco sensibilizados con el valor de los servicios públicos, pero, en fin, doctores tiene la Iglesia y, maniobras de distracción, cualquiera que se ponga. Sin embargo, ya que tienen el valor de erigirse en el papel de informadores, me gustaría proponer, como parte del sistema que me creo, que nos buzonearan a todos el gasto que se origina cada vez que uno de éstos arranca su coche oficial o realiza un viaje que carga a la Visa de lo público o se harta de marisco a cuenta del partido. Y, puesta a pedir, a mí concretamente, me volvería loca de remate conocer lo que me están costando los juicios por corrupción que a diario protagonizan los emisarios de las facturas informativas que de nada que me importe me informan, o lo que he pagado en sobresueldos políticos en todos estos años de cotización altruista, o a lo que me sale el cura de maitines, que pago, aunque no escucho, o lo que malgasté en la construcción del aeropuerto de Albacete, por poner algunos ejemplos y no dejar esto en la afirmación pelada que siempre queda un poco gratuita también. Y, para ser completamente sincera, oigan, porque querría darme el gusto de recibir una montonada de facturas en casa y poder decir "Todo esto ya lo tengo pagado, aunque no lo necesite".

3 comentarios:

  1. María, tendrías que tener en cuenta que los chorizos particulares han aprendido algo de los empresarios, y también se aplican para sus cuentas en Suiza eso de los objetivos de crecimiento anual, que claro, si es un objetivo que se precie, ha de ser creciente, por supuesto. Y en el momento que sus saldos han crecido igual o algo menos que el año anterior, les han saltado las alarmas, y han agudizado en ingenio para ver cómo puede aumentar el flujo de pasta desde nuestros bolsillos a sus paraísos particulares. Como han visto que no se lo vamos a dar directamente por la cara, y que no lo pueden sacar de donde no hay, han decidido sacarlo de donde hay, pero claro, si nos lo pulimos en cirujanos y anestesistas, pues también deja de haber ahí, así que nos tienen que convencer de que las manos quietas, que van al pan. Mujer, hay que entenderles.

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    1. Si ese es el problema, amigo Frac, que lo entendemos...

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  2. Muy bueno el artículo, un placer leerte. M

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