lunes, 7 de octubre de 2013

Felices fiestas del Pilar

Un año más, con las primeras lluvias, con las primeras hojas del otoño, con los primeros pañuelos al cuello, con la primera bajada de las temperaturas, Zaragoza sale a la calle a escuchar el pregón que anuncia el comienzo de las fiestas. La plaza se llena de ese orgullo que los aragoneses sienten por su tierra con la nobleza que permite amar lo propio sin menospreciar lo ajeno. El corazón de todos los zaragozanos, a la orilla del Pilar, eleva la vista hacia el balcón del ayuntamiento esperando una palabra. Y, mientras la impaciencia palpita en cada mirada, el Ebro guarda silencio por los que estamos y por los que siempre recordaremos.

Zaragoza es, una vez más, un puñado abierto de gente escrita con versos de Labordeta. La emoción no cabe en un solo espacio, se desborda y sube por la calle Alfonso entrando en cada portal, en cada casa, pintando cada baldosa con los colores del cachirulo. Si, ayer, Zaragoza era una ciudad que vivía en vertical, estos días alfombra el suelo convirtiendo la vía en un río de doble dirección. Nadie tiene un hogar propio. Las casas y las calles son de todos. Hay momentos en que una se siente tan de aquí que no le cabe el sentimiento en el sitio que ocupa y, tal vez, querría haber podido ser un día turista en Zaragoza para admirar la Basílica, las calles, la honestidad de esta gente sin que se le arrasaran los ojos de afecto, sino de otra cosa.

Pero, al mismo tiempo, sabe que no hubiera podido sentirse de otro pueblo de la misma forma. Estos días de octubre son todo lo que se puede aspirar a ser. Una fiesta de bienvenida al calor de los mejores recuerdos. La semana en la que los zaragozanos seguimos siendo lo mejor en lo que hubiéramos podido convertirnos todos al mismo tiempo. Un ejemplo de humanidad y de hospitalidad como pocos. Un sentimiento en mayúsculas.

Y, este año, las fiestas del Pilar vuelven a ser la ocasión en la que un aragonés sabe mejor que nunca que, si no hubiera nacido aquí, querría nacer de nuevo para ser capaz de sentir, como sólo siente un corazón baturro, que Zaragoza no se toca.

¡Felices fiestas, mañicos!

2 comentarios:

  1. ¡Disfrutad lo que podáis y lo que os dejen de vuestras fiestas! Pero tened cuidado y to tentéis al diablo, que si decís que las casas son de todos, al llegar a la vuestra podéis encontraros a Rajoy y sus secuaces tomando posesión y unas cervecitas, y diciendo que santa Rita, Rita, lo que se da no se quita.

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  2. Felices fiestas para ti también. A disfrutarlas que duran poco.

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