lunes, 21 de octubre de 2013

La vida puede ser maravillosa

Esta semana pasada, alguien puso delante de mí una foto de Andrés Montes. Vestía americana marrón de cuadros blancos, pajarita violeta a topos también blancos y esos peculiares monóculos con patillas que le ayudaban a ver la vida de otro color. Había olvidado por completo esta imagen. Y, lo que es más imperdonable, habíamos olvidado su forma de hacer.
 
Andrés Montes fue aquel comentarista deportivo que seguro que recuerdan ocupando la pantalla de la Sexta, "tiki-taka" con Salinas, durante el Mundial de Alemania 2006, comiéndose el "fútbol con fatatas" porque el fútbol aquel año, con Andrés Montes al micro, fue lo de menos. El espectáculo lo formaban estos dos cronistas de la vida con la excusa de un partido. Yo no soy muy fan de los deportes, ni de verlos ni de practicarlos, pero aquel año sucumbí a la retransmisión del Mundial sólo por la forma de contar, por aquella manera montesiana de vivirlo. Hay quien tiene el poder de contagiar su entusiasmo y hay quien, en un desafortunado intento de utilizar las mismas armas, tiene el de conseguir que se aborrezca lo más apasionante.

Estos días, al Gobierno, parece haberle poseído el espíritu de algún comentarista enardecido. España va a cero en todo lo que se juega y nuestros ministros parecen estar viendo otro partido. Así, Montoro asegura, con la firmeza que procura no saber de lo que se está hablando, que al año que viene se acabó la crisis en España. Con doce millones de españoles por debajo del umbral de la pobreza, uno de cada cuatro trabajadores en el paro, una previsión de cierre de otro 25% de las empresas todavía en ejercicio y una proyección de crecimiento por debajo del 1%, afirmar que cerramos la crisis como quien cierra la retransmisión de una jugada no es una declaración ministerial, es una declaración de amor o de turbias intenciones.

Como en la perspectiva duerme la objetividad, Mariano ha tenido que viajar hasta Panamá para decir que España está saliendo de la crisis con una economía reforzada. Por eso o porque le ha sido necesario alejarse de su despropósito a la hora de gobernar para poder decirlo así. Y, un poco más arriba en el mapa y en la pirámide de camino a la cumbre del ridículo, Botín, que no es ministro ni presidente del Gobierno pero es banquero que, para lo contante y sonante, viene a ser lo mismo, asegura que "España está en un momento magnífico". Desde luego; la cagada es monumental. En la dimensión, no se equivoca.  
 
Se cumplen cuatro años del fallecimiento de aquel comentarista deportivo que consiguió que los menos aficionados se aficionasen y, en España, hay que ser político para seguir viendo la vida con su entusiasmo. E, incluso siéndolo, se necesita viajar a Panamá o a Harvard para que sea la distancia la que permita decir tamañas sandeces. Si no fuera porque, a los demás, nos va la vida en ello, tal vez también seríamos capaces de imprimir nuestro discurso con aquellas muletillas de Andrés Montes que hicieron historia. Porque la vida se puede contar de muchas maneras o porque la vida se puede vivir de dos maneras. Pero, ahora, es difícil.

1 comentario:

  1. Dado el menage a trois que este país ha mantenido en los últimos treinta años entre política, ladrillo y fútbol, no son de extrañar las declaraciones de Rajoy y las de Botín. Con el anuncio del fichaje nada menos que de Bill Gates por FCC, ya está solucionado el problema. ¡A resucitar el ladrillo, que se le puede dar una vueltecita más! Ya está reestablecida la confianza de los inversores. Un parchecito más para salvar la temporada, y el que venga detrás que arree.

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