viernes, 29 de noviembre de 2013

El arte de la Botella

Los humoristas de este país están perdiendo la gracia. Resultan sosos. A mí, a estas alturas de la vida, me dan a elegir entre visionar el club del chiste o una comparecencia del PP y, si de verdad me quiero reír, elijo a los del PP. Esta formación tiene un elenco cinco estrellas. Ana Botella, por ejemplo. Cierto es que nadie la hubiera colocado en el puesto que, a veces, ocupa y, precisamente por eso, el partido en el Gobierno lo hizo por los contribuyentes. Porque no nos lo podíamos perder. No hay alcalde ni alcaldesa ni profesional de la risa en la península con más gracia que esta mujer. Alcaldes incompetentes los tenemos en todas las Comunidades Autónomas, pero tan graciosos, en ninguna. Como no está la economía para muchas risas, el gracejo es una cualidad que empieza a escasear y, sin embargo, esta señora, otra cosa no tendrá, pero chispa, como para que arda Troya. Personalmente, no conozco ningún chiste que sobreviva a la repetición con la frescura de aquel que invitaba a tomarse una "relaxing cup of café con leche" este verano. Cada vez que me pongo el vídeo, lo tengo que parar a medias so pena de partir la silla. Que no se me pasa. Pero es que, con esta mujer, no has terminado de reír el anterior que ya está escupiendo el siguiente. Es un no parar.
 
Ayer, que andábamos aburridillos, era día de Pleno en el Ayuntamiento de Madrid. A priori, no sonaba muy divertido, pero bastó echarle un vistazo al reparto para dejarlo todo. Ana Botella, señora de Madrid y alcaldesa de Aznar, defendía el pensamiento político del Partido Popular. El portavoz del PSOE, Jaime Lissavetzki, hizo muy feas acusaciones a la alcaldesa de la capital provocando una densa tensión en el ambiente que obligó a la Botella a descorcharse con lo más grande: "La ideología del PP es la que ha traído mayor progreso en la historia de la Humanidad". Di que sí, alcaldesa, tanto o más que la Revolución Industrial, el movimiento obrero, el descubrimiento de la penicilina o el de la compresa con alas. Tan graciosa resulta la afirmación en sí como considerar que los miembros del PP se mueven en virtud de ideología alguna, que es algo así como decirlo del PSOE, del perro de mi vecino o de las petunias del jardín en San Valero, pero tampoco hay que bajar tan al detalle. Lo importante es que nos hace reír. Que falta nos hace.
 
Ana Botella apareció "investida" con esa chaqueta verde ídem y esa flor en la solapa (un clásico) de la que parecía que, en cualquier momento, iba a manar un hilillo de agua directo a la cara del representante del PSOE, pero no cayó en estereotipos. Se limitó a sentenciar en su estilo parco y contundente, como cuando afirmó en enero de dos mil ocho que "todos los ciudadanos han visto esas escenas realmente espeluznantes de niños de siete meses de gestación en las trituradoras", sin aportar prueba alguna, aunque pretendiendo llevar tanta razón como llevaba cuando, a propósito del matrimonio homosexual, nos deleitó con una lección magistral de la escuela de Barrio Sésamo sumando peras y manzanas: "Las manzanas no son peras. Si se suman una manzana y una pera nunca puede dar dos manzanas". Con más razón que una santa.
 
Desde el Palacio de la Cibeles, gracias mil veces al Partido Popular, la excelentísima Ana Botella domina la villa y corte sin proponérselo con la agudeza y el ingenio que para sí quisiera más de uno que lo pretende. Después de todo lo dicho y lo que me dejo por decir, tengo que admitir que han estado muy bien pagados todos los sueldos y sobresueldos que se ha llevado la política. De no ser así, cuántos de sus integrantes hubieran tenido que emigrar al extranjero y cuánto se hubiera podido agravar la fuga a chorro de cerebros que padece este país. Yo es que no me lo quiero ni imaginar.

1 comentario:

  1. Hubieran estado muy bien pagados todos los sueldos y sobresueldos que se ha llevado la política si todos sus "cerebros" hubieran emigrado al extranjero para no volver nunca jamás.

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