jueves, 26 de diciembre de 2013

Montoro, Wert, Gallardón y otras chicas del montón

A los políticos de esta nación, el hecho de que el país se vaya moviendo a bandazos sin sentido con tal de imponer su santa voluntad, francamente, queridos, les importa un bledo. De todas las medidas importantes adoptadas por el actual Gobierno, no quedará ni media (palabrita de Rubalcaba) en cuanto la oposición tome el mando, algo que saben que sucederá con la misma seguridad con que mandaron al país a tomar viento. Que el resumen de la obra del PP en este año que termina sea el anuncio de que nada durará dos primaveras, se mire como se mire, es un pitorreo de patio de colegio. Que todos estos señores tengan el cuajo que hace falta para cobrar la nómina todos los meses de la misma caja y no puedan ponerse de acuerdo ni para dar la misma hora dos a un tiempo es para hundir el Congreso. Para que no pase, este año nos deja en prenda una Ley de Seguridad Ciudadana, abocada a que la carguen en el camión botijo y la manden a cocheras con el cambio de legislatura, una Ley de Educación, que aún no han determinado por dónde metérsela a José Ignacio e, incluso, la nueva Ley del Aborto, que, si no una deposición de última hora, suponemos que ha tratado de ser una bonita forma de descorchar la celebración de la Natividad. Nadie es capaz de explicar esta monomanía del PP con el asunto del aborto. Si hasta el Papa Francisco les estaba diciendo que eso ahora no pedía pan. Pero nada, tomad y comed.

Termina el 2013 y, al PP, se le está formando un barro con semejante tormenta de ideas que ya no están de acuerdo ni consigo mismos. A la delegada del Gobierno en Madrid, lo de la reforma de la ley del aborto ahora no le parece bien o le parece bien pero sólo un poco y, al rato, no entiende que la gente se lleve las manos a la cabeza con el planteamiento cuando esta propuesta del Partido ya venía en el programa. También el mismo programa prometía que no se subirían los impuestos, que no se tocarían las pensiones y que el PP iba a ser un motor de ingeniería alemana en la fabricación de empleo y, de todo aquello, ni flores. Vamos, que el Gobierno se ha esmerado en cumplir exclusivamente con lo que todo el país esperaba que incumpliera. Que ya es tener puntería, Cifuentes.

Para los que nacimos pejigueros y para los que no, al margen de estos desajustes de última hora, es verdad incontestable que no viviremos suficientes años para agradecerle a este Gobierno que, a lo largo de este año que se nos desmaya de viejo, haya conseguido que el salario medio de los españoles sea el más alto de España, que el índice de paro sea el más bajo de España y que hayamos tenido la inestimable oportunidad de disfrutar de esa profesionalidad que se gastan para la que no existe competencia a lo largo y ancho de este país que dirigen. Son datos indiscutibles que atenúan el desaliento. No podemos dejar de aceptar que si, de vez en cuando, nos atinan con un pelotazo policial en el ojo, con un manguerazo en plena cara o con una multa en el buzón por alterar el orden de una manifestación a la que no acudimos es por la estricta necesidad que nos reconocen de pararnos a pensar en el cúmulo de parabienes del que disfrutamos desde que el PP gobierna. Que, como dijo Ana Botella, es su ideología la que ha traído mayor progreso a la historia de la humanidad y, eso, no se paga con sobresueldos.

Al final, igual que hay gente que no desaprovecha ocasión para renegar de lo intachable, habrá gente, digo yo, que esté encantada con este plantel de ministros que dan color a nuestras oscuras existencias. Algún escritor, español incluso, de opinión sarcástica que, con esta caricatura de gobierno que se pinta sola, no necesite estrujarse los sesos para rascar una columna de humor diaria. Con todo o sin nada, que nos quede claro que el 2014 se presenta entero de más de lo mismo. Que no nos pille, como éste, con la paciencia justa porque los caminos del PP son inexcrutables.

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