lunes, 2 de diciembre de 2013

Se prohíbe ser español

Cuando el Gobierno aprueba el anteproyecto de la Ley de Seguridad Ciudadana, yo me pregunto si no tiene nada mejor que hacer. A mí, echando un rápido vistazo al país, se me ocurren unas cuantas cosas, pero también se me ocurren algunas otras que, de escribirlas hoy, podrían costarme treinta mil euros. Treinta mil euros es el precio que hay que pagar por ofender a España. "Ofensa es lo que es ofensivo", aclara el ministro Fernández con cara de ilustrísimo miembro de la RAE. Resumiendo mucho el devenir de esta nueva conquista del PP: nos dejan la nación hecha unos zorros y luego nos prohíben manifestarlo, culpabilizándonos una vez más de su inconfundible savoir faire.

No hay español inocente de la sinrazón de su Gobierno. Y, si hasta ahora, las penas se han ido imponiendo por categorías, con esta nueva ley, ya hay castigo para todos. Primero fueron los funcionarios, por cafeteros y acomodados. Luego, los parados por no aceptar empleos de media hora a trescientos kilómetros de casa. Después tocaron con su magia a los trabajadores, cobradores de sueldos por encima del umbral de la pobreza. Seguidamente, se acordaron de los pensionistas que, antes del copago farmacéutico, iban medio puestos de pastis para la tensión. Los enfermos de larga duración, que salían más caros que un traje de Camps. Los médicos, los educadores, los jueces, los barrenderos... Faltaban los librepensadores. Ahora sí, ya nos han puesto a todos en nuestro sitio.

Mi abuela solía decir: "A mí, no me gusta criticar, pero vaya culo tiene ésa". A mí, tampoco me gusta criticar, pero vaya culo nos están dejando. El Gobierno del PP se ha creído que España es suya y se permite gobernar y legislar contra los ciudadanos. Ofender a España es ofender al PP y estas cosas no pueden salir gratis. Pero es que gratis ya no sale ni ser español de toda la vida. Joaquín Bartrina, poeta y dramaturgo vinculado al realismo y condenado más pronto que tarde al olvido, escribió:  “oyendo hablar a un hombre,/ fácil es acertar donde vio la luz del sol;/ si os alaba a Inglaterra, será inglés;/ si os habla mal de Prusia, es un francés/ y, si habla mal de España, es español”. Esa autocrítica que, en nuestro caso, es una necesidad genética de primer orden ya no nos pertenece. El PP adoctrina, en este tortuoso camino hacia el progreso, echando por tierra la filosofía de las más grandes mentes pensantes y la esencia del ciudadano medio de este país. Nos empuja a progresar de tal manera que los españoles llevamos camino de dejar de serlo. Ser español, cuando esta nueva ley pise la calle, se va a convertir en un acto heroico, inconsciente o al alcance de unos pocos. Manifestarse español estará prohibido. Por nuestra propia seguridad.

Mientras mi abuela, hace un siglo, hablaba de culos, Machado, entre otros, hablaba de España como ya no podría hacerlo. Ni Machado, ni Cervantes, ni Quevedo, ni lo mejor de lo que hemos tenido en materia literaria (que es lo mejor que hemos tenido)... Pero Machado no hubiera sido nunca Machado de haber nacido hoy, en esta otra España de charanga y pandereta. La España de Rajoy. La de los que nos humillan, nos vapulean y nos acallan. La España que ya no es nuestra. Ésta de la que aún sería acertado decir que "de diez cabezas, nueve embisten y una piensa", aunque escribirlo le costara hoy a Machado treinta mil euros.

1 comentario:

  1. Dices: "El Gobierno del PP se ha creído que España es suya y se permite gobernar y legislar contra los ciudadanos". Y yo añadiría: "y a favor de sus amos, por orden directa de éstos, ya que son los auténticos dueños de España y del resto del mundo".

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