lunes, 23 de diciembre de 2013

Una Navidad como la nuestra

¿Cómo se maquilla una mierda para que quede atractiva? El Consejo de Europa, encargado de velar por los derechos de los ciudadanos, ha calificado de altamente problemática la Ley de Seguridad Ciudadana presentada por el Gobierno español. Podemos esperar a que algo similar suceda con la nueva Ley del aborto. Y también esperaremos a que el Gobierno se ocupe sólo de maquillar dos mierdas como dos soles mediterráneos para que en Europa parezcan otra cosa de lo que son.

Porque aquí ya todo vale y, si no vale, el Gobierno se pide un camión botijo estas Navidades para que valga ya y se calle la calle, que no les deja dormir la mona de semejante borrachera de fechorías e incompetencias; y que descansen las cuentas en Suiza y el paripé justiciero para no dar que hablar lo que no se puede decir, aunque, también sea cierto que, para uno que está hasta los huevos y lo expresa abiertamente, noventa y nueve otorgan porque tienen que estar a otra cosa: a lo del hambre o el frío o el paro o la desesperación; y manga ancha para seguir robando sin poner coto, sino ideando leyes por si la bestia despierta con gritos destemplados a deshora; y una Hacienda que trague facturas falsas para que, a la infanta, no se le empolven los zapatos por pisar un juzgado; y una ristra de banqueros puestos en fila con el fin de extender bien la usura de haber ganado un 80% más gracias a la inyección del dinero que nos extraen sin reponer a través de crédito ninguno porque en grifo cerrado no entran moscas cojoneras que obstaculicen los robos y las financiaciones ilegales y la creación de paraisos fiscales para tesoreros; y que fluya la desvergüenza y la mentira calle abajo sin freno y sin justicia, que ya no va a hacerles falta salvo para encerrar a las cuatro conciencias que restan, a las cuatro bocas que aún se abren para ofender y no por hambre. Y, en silencio, seguir robando y viviendo de lo nuestro.

De lo nuestro. Señores diputados, concejales, alcaldes, ministros, presidentes autonómicos y señor presidente del Gobierno, que día a día sientan esos reales traseros con los que dirigen nuestro país sobre nuestras vidas para depositar en ellas su mejor obra, quiero desearles, en estas fechas, la Navidad que sólo ustedes merecen. Una Navidad para todos como la nuestra. Y mucha, mucha Navidad de la de los que no comen, de la de los que no duermen, de la de los que ya no se calientan, de la de los que no viven. Desde aquí, quiero hacerles llegar todo aquello que ustedes construyen para nosotros. Todo lo que nos legan. Todo lo que nos endosan a diario. En este rincón de cuarenta y siete millones de almas que no conocen, ni ganas, les envuelvo los deseos que me inspiran tanto en estos días tan entrañables como el resto de los días del año, la esperanza de que el año próximo sea tan próspero para ustedes como para cada uno de nosotros, los mismos propósitos que ustedes nos tengan preparados para los meses venideros, el aguinaldo que España carga desde primeros de enero, los regalos que no pedimos, los que no hemos abierto aún y una mierda entera y sin aderezos como la mal llamada Ley de Seguridad Ciudadana, como la malparida Ley del Aborto o, simple y llanamente, como el sombrero de un picador.

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