jueves, 16 de enero de 2014

Encuentro de Mariano con el más allá

Mariano Rajoy no necesita escuchar que la trayectoria de su Gobierno se define a sí misma en un conjunto de exitosos logros que modestamente su propio partido resume en cuarenta, pero que, siendo justos, se podrían extender hasta el infinito y más allá. Sin embargo, siempre gusta recibir un refrotón de espalda y más si la mano que rasca es la del jefe del Imperio y Nobel de la Paz de nuestros días. Por darse ese gusto, Mariano se cruzó el Atlántico esta semana, con tres facsímiles de quinientos años de antigüedad, como un pan, debajo el brazo, deseoso de hacerse, junto al presidente de EEUU, la primera foto de su mandato en la que pretendía salir quieto. Lo que es pisar la cima en la carrera de cualquier dirigente europeo.

Cuando un presidente de este lado del charco despierta un día y puede colgar en twitter una colección de doce instantáneas de su persona sentada en el despacho oval de la Casa Blanca, lo olvida todo. Incluso que su mujer, probablemente espiada por Barack hasta en la ducha, no haya sido invitada a viajar con uno por miedo a que se presentara toda la familia Rajoy vestida de Halloween, como hiciera la de Zapatero en 2010. Mariano no tiene en cuenta estas cosas. Mariano es el único presidente, recibido en la Casa Blanca sólo por pelma, capaz de regresar, rebozado de reconocimiento, levantando como una antorcha la caja de chocolatinas M&Ms con que el presidente de los Estados Unidos le pagó la visita y, si me apuran, el mandato entero. Dos años de gloria que se nos derriten en la boca, no en la mano.

La conversación que mantuvieron ambos presidentes podría resumirse, en palabras de Obama, con la frase: "Muy bien lo has hecho, Mariano, pero, lo del paro, háztelo mirar". Lo del paro, a Mariano, le preocupa poco porque está seguro de que, con el ritmo de exportación de cerebros que lleva España, pronto alcanzaremos la cota cero de desempleo. Sin embargo, le tuvo que parecer, digo yo, que, cuando uno gobierna respaldado por un índice de paro del 6%, es muy fácil hablar del paro ajeno y olvidar que España se lo tendría que hacer mirar como Estados Unidos se tendría que mirar lo de la criminalidad, a ver si va a resultar que sus listas de desempleo están cerradas por defunción. Pero, en fín, Mariano estaba tan contento con la caja de chocolatinas que tampoco se acordó mucho de nombrarle a sus muertos.

En honor a la verdad, una vez que el líder del mundo le había reconocido su indiscutible liderazgo a Mariano, Obama le podría haber escupido los M&Ms a la cara con una cerbatana, que nuestro presidente también los hubiera encajado bien. Mariano, a esas alturas, estaba tan encantado de compartir carácter con el cabecilla del globo que justo le dio su conocimiento del idioma español para invitarlo a que le devuelva la visita cuanto antes, que, si hace falta, ya le construiremos un túnel de Washington a la Moncloa, ahora que se llevan tanto estas obras faraónicas, y así le pegamos un empujoncito a lo del paro. Va a ser por tuneladoras. "Venga, Barack, lo dicho, ya te llamo yo y quedamos". Volvía Mariano tan satisfecho de su excursión a la Casa Blanca que llegó a creerse que, a partir de su visita, van a ser ellos, los presidentes americanos, los que guarden lista de espera en la Moncloa para que los reciba este pedazo de líder ungido por Obama y por las Rias Baixas.


Han pasado tres días y Mariano no se baja de la nube yanqui. "Qué bien lo has hecho, Mariano", escucha en su interior desde el alba hasta el ocaso agarrando a dos manos su caja de M&Ms por temor a que Montoro se los quite. "Qué bien lo has hecho, Mariano", mientras en Gamonal arden  contenedores y España se nos rompe por la línea del Ebro. "Qué bien lo has hecho, Mariano"..., y sueña con que la próxima medida del Partido Popular, para demostrar que lo sigue siendo, sea crear una página de Facebook del Gobierno de España y enviar una invitación al mismísimo presidente de los Estados Unidos de América para que pulse Me Gusta.

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2 comentarios:

  1. ¿Líder del mundo?, ¿cabecilla del globo? Ahí has estado graciosa, María.

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    1. Lo es y se lo puede creer, a pesar de nuestras ironías, porque se lo consentimos. Que mandamos a Mariano a hacerle la ola con tres obras de incalculable valor y nos lo devuelve con una caja de bolas de chocolate encantado de la vida que le ha tocado representar.
      Gracias, Fractalio.

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