jueves, 27 de febrero de 2014

Rescatados por Mariano

Aunque para presidente del Gobierno no haga falta estudiar casi nada, para registrador de la propiedad, había que opositar. De allí, le debe de venir a Rajoy ese discurso aprendido de presunto dirigente medio anclado en la oposición que reza incansablemente: yo no he sido, pero tú más. Rajoy se sabe lo que tiene que decir tan de carrerilla que da igual lo que le pregunten, contesta lo que le da la gana. Mariano, puesto a repetir sin criterio, es el único presidente capaz de mentir hasta por la oposición, el único líder mundial que habla con pelos en la lengua y el único dirigente de un país que no sabe ni qué país dirige. Mariano es la encarnación con gafas de ese eslogan que reza "la imaginación al poder". Por eso, a Mariano, es tan difícil ganarle un debate que hay veces que incluso a él le resulta imposible superarse a sí mismo.

Mariano amanecía esta semana pletórico por haber sido invitado, en segundas nupcias, a debatir sobre el estado de la nación después de haber dejado la nación en este estado. Afortunadamente para todos, los debates sobre el estado de la nación no van de la nación y menos aún de su estado, sino de ver quién mea más lejos. Si se había creído el PSOE que, tras ocho años de aznarato, llegaba meando fuerte, a Mariano le han hecho falta apenas dos para mearse al país entero y cortarle el chorro a Rubalcaba. Mariano, que ha gobernado como un tío, con dos riñones, llegaba al hemiciclo dispuesto a reclamar su orinal de plata, y no por haber batido el récord de desempleo que tenía Zapatero, ni por habernos devuelto a ese estado de pobreza que tanto echábamos de menos, que todo esto a él le importa un bledo, sino por habernos rescatado del rescate destilando una gracia y un salero que ya le hubiera gustado desaguar a la oposición. Con la herencia recibida y el zapato de la Merkel pisándonos el moño, lo que ha conseguido Rajoy no ha sido evitar el rescate, ha sido un milagro de los que ya no estábamos acostumbrados a ver. 

Mariano es ese ectoplasma que habita la Moncloa, que un día oyó que los suyos estaban gobernando como Dios manda, y creyó que se referían a él. Por eso, este año ha decidido presentarse a sí mismo como el salvapatrias que, con sus reformas, no sólo ha logrado que España esquivara el desastre total, sino que la ha elevado a los altares de la recuperación para admiración y reverencia del mundo entero. España avanza a toda máquina sin que a Mariano se le haya movido un pelo. España no va a tener Historia bastante para agradecerle a este hombre que se arriesgara a mear fuera del tiesto y nos dejara un reguero de recortes, desempleo, malestar y desafección que da buena cuenta del movimiento del país, porque va dejando estela. Si el devenir es justo, Rajoy (sólo él lo sabe) debería pasar a los anales como ese líder mundial, que únicamente Obama supo reconocer, y que movió la montaña del rescate con una mano atada a la espalda mientras España, lamentablemente, no era capaz de darse cuenta de que, si en lugar de Mariano nos llega a rescatar Europa, hoy estaríamos como Portugal: con los sueldos resumidos a su mínima expresión, las pensiones recortadas a cuchillo, la educación y la sanidad reducidas a escombros, los impuestos por las nubes y una insostenible tasa de paro del 15%.

Un pelo ha faltao.

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