domingo, 16 de febrero de 2014

Sobremesa con Rajoy

Ahora que empezamos a recuperarnos de la fiebre de San Valentín, es hora de regresar a los ardores del día a día. A ese fragor de la batalla de la opinión en el que todavía se encuentran soldados defendiendo que Rajoy es el mejor presidente del Gobierno que ha tenido España. Oír algo así, en una tarde de reposo, de un alma de ochenta años con más mundo a sus espaldas que fuerzas tendré yo nunca para cargarlo, me agota más que me descansa por muy en domingo que me caiga. A veces, las sobremesas más tontas son las que nos conducen a los pensamientos más hondos. Y, aunque a mí, casi nada me mueve ya a grandes profundidades, reconozco que me deja el café frío que un español de ochenta años, considerándolo todo, considere que Rajoy haya sido el mejor presidente que ha tenido este país cuando algunos no lo terminamos de ver ni como presidente de escalera.

Si un hombre de esta edad me hace un planteamiento que me suena a chiste, me sucede lo mismo que cuando escucho a alguien de una supuesta cierta formación defendiendo el independentismo; lo querría entender antes de partirme de risa improcedentemente. Y quiero comprenderlo cuando me dice que, si Rajoy no hubiera sido presidente del Gobierno, hoy estaríamos como Grecia, pero no sé si se refiere a esa costumbre helénica tan fea de ir arrojando pedrolos y quemando contenedores por la calle o a la de quedarse en casa por las tardes elaborando textos de profundidad. Que los griegos, en su mejor momento, inventaron la filosofía y nosotros, en nuestro mejor momento, inventamos las corridas de toros. A ver quién se lo tiene que hacer mirar.

Pero él, duro que se nos hace tarde, me pregunta qué es lo que hubiera hecho un Gobierno socialista con la situación con la que se encontró Mariano, que nos salvó del rescate. Pues, un Gobierno socialista, seguramente, hubiera hecho el ridículo más espantoso y, si Mariano nos salvó del rescate, que alguien me diga a mí qué es esa deuda que ha contraído España por los siglos de los siglos sino un rescate como Dios pintó a Perico. Que no nos han intervenido, cierto, ni falta que nos hace, que aquí hace días que manda Europa en cualquier caso. Y de estas torturas democráticas, de los desahucios, de la incultura e insalubridad que el Gobierno de Rajoy nos va a dejar en prenda, ya nos desprenderemos los españoles solos que para eso hemos tenido siempre unas agallas como el caballo de Espartero.

Para un hombre de ochenta años, Rajoy es el mejor presidente que ha tenido España.

Supongo que un hombre de ochenta años tiene sus razones para considerar a Rajoy el mejor presidente que ha dado este país. A mí, que no los tengo, me supura un poco la conjuntivitis de aguantarme las ganas de reventar. Y quiero creer que el hecho de que haya quien considere que Rajoy es el mejor presidente que ha tenido España no significa que haya sido el mejor presidente que hubiera podido tener España. He ahí la prueba de que las comparaciones son odiosas. El pésimo hace bueno al malo. Yo entendería más que se le considerase un buen presidente si fuera alguien con una formación, un carisma y una capacidad crítica acordes con lo que se espera del dirigente de un país, cualquier país que no fuera éste. Entendería que se considerase un buen Gobierno a uno en el que el ministro de Economía fuera el mejor o uno de los mejores economistas del país, el ministro de Justicia fuera alguien capaz de distinguir lo justo de lo injusto, el ministro de Cultura un hombre con cultura y el ministro de Hacienda no pareciera, en lo esencial, un inspector interino acabado de llegar. Entendería como un buen Gobierno del país uno que lo fuera y como un buen presidente uno como aún no he conocido. Porque, si Zapatero era un gobernante algo más que inútil, Rajoy fue el inútil que perdió dos veces las elecciones contra el inútil de Zapatero. Y creo que la elección de su Gobierno fue sólo la consecuencia de la desesperación de los españoles. La única opción cuando no había ninguna.

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1 comentario:

  1. El mejor economista del mundo deja de ser siquiera economista si comulga con el sistema del crecimiento continuo. El mejor jurista del mundo deja de ser siquiera jurista si se somete al mínimo soborno, chantaje o amenaza. La persona más culta del mundo deja de ser siquiera persona si es capaz de especular con la cultura.
    La necesidad de especular surge de la incapacidad para otra cosa. Y esa incapacidad es a su vez fruto de la especulación con la educación por parte de los incapacitados colocados ahí por otros que sólo están capacitados para manipular personas. Lo malo es que esas personas somos las que admitimos y aprobamos todo el proceso cada cuatro años.

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